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MODO FONTEVECCHIA
DEBATE AMBIENTAL Y SOCIAL EN EL SUR

Por qué sectores de la Iglesia Católica en la Patagonia rechazan el cambio de la Ley de Tierras

El obispo de Rawson, Monseñor Roberto Pío Álvarez, analiza las leyes sobre propiedad, recursos naturales y glaciares que se debaten en el Congreso y advierte sobre los riesgos de la extranjerización del territorio. Explica la particular construcción de la subjetividad patagónica frente a la inmensidad y el viento, repasa las posturas históricas de la Iglesia ante los vacíos de representación política y aborda la vigencia del concepto de justicia social en la Doctrina Social de la Iglesia.

Obispo de Rawson
Obispo de Rawson | Diócesis de Rawson

Nacido en Córdoba pero radicado desde hace nueve años en el sur argentino, Monseñor Roberto Pío Álvarez —obispo de Rawson, Chubut— se ha convertido en una de las voces eclesiásticas más activas en la defensa del territorio y los recursos naturales de la región. En esta entrevista, dialoga sobre el impacto que proyectan las iniciativas legislativas referidas a la Ley de Tierras, la Ley de Fuego, la protección de glaciares y el régimen de desalojos, marcando la distancia entre las miradas construidas desde los escritorios porteños y la realidad capilar de las comunidades patagónicas.

A lo largo de la conversación en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), Álvarez aborda también el rol de la Iglesia como canalizadora del debate público ante la fragmentación de la oposición tradicional, recupera la figura del Cura Brochero en su articulación con el poder político de su época y reflexiona sobre el sentido profundo de la justicia social dentro de la tradición judeocristiana

Moseñor Roberto Pio Álvarez es un prelado católico. Actualmente se desempeña como el primer obispo de la diócesis de Rawson, en la provincia de Chubut. Posee estudios avanzados en teología bíblica por la UCA. En noviembre del año 2024 fue elegido por la Conferencia Episcopal Argentina como delegado de la región Patagonia para el trienio 2024-2027. Es conocido popularmente como el "padre Chobi".

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Monseñor, Jorge Fontovecchia lo saluda. Un gusto conversar con usted. Me gustaría primero que nos hiciera una síntesis para nuestra audiencia de su posición respecto de las leyes que se debaten sobre la Ley de Tierras y otras que están en este momento en curso en el Congreso. Lo escuchamos con mucha atención.

Hola, Jorge. Sí, no es una posición personal solamente, sino fruto de mucha reflexión con la Pastoral Social propia. Después, nosotros tenemos un modo muy lindo aquí en la Patagonia regional, medio asambleario, de juntarnos mucho, a veces presencialmente y a veces por Zoom. Ante la Ley de Glaciares y ahora esta sobre la inviolabilidad de la propiedad privada, estos temas nos han afligido de modo particular en la Patagonia. Pero también desde la Conferencia Episcopal ha habido distintos pronunciamientos de ENDEPA, de la Pastoral Social y de Cáritas, en la que participo. En ese contexto, nosotros como diócesis elaboramos una carta invitando a acompañar la marcha en distintos lugares, también acá en la Patagonia y en la diócesis. Las preocupaciones van desde la extranjerización, el tema de la Ley de Fuego, una nueva categorización de los desalojos y el modo de llevarlos a cabo, y después algunas cosas vinculadas también a lo que consideran algunos más peritos en la parte legal: trampas ambientales por el tema del modo de indemnizar a los propietarios cuando se les reduce la capacidad de intervenir en su propiedad cuando se toca un humedal, el desmonte o el uso del suelo. Eso sería más o menos lo que nos preocupa. No nos cerramos a los debates; nos parece que siempre estas cosas terminan siendo muy apresuradas, de grupos chiquitos o más de escritorio, y no van al debate general. A raíz de esto y de tu entrevista, hoy leía un artículo sobre la extranjerización de tierras en algunos departamentos, algo ya presente hoy, no futuro. En algunos lados en Salta o en La Rioja supera el 50%, por ejemplo. Y buscando en internet directamente, esos departamentos en general están vinculados a lo turístico, a periglaciares o a zonas de minería, y ya han superado el 50%. No es una noticia al azar, sino un hecho relevado por estudios. Nos parece que a veces el apresuramiento, cierta moda ideológica o cierta exacerbación de un modo de mirar las libertades individuales o la propiedad privada atentan contra otras cosas.

Qué revela el mapa de la extranjerización de la tierra y cuáles son las zonas estratégicas más afectadas

¿Eso se ve distinto en la Patagonia'. Y cuando digo que se ve distinto, es porque la Patagonia está marcada por una perspectiva de subjetividad distinta, dada la enorme cantidad de territorio sin población, con bajísima densidad poblacional; un territorio nuevo que integra la República desde fines del siglo XIX, es decir, recientemente. Al mismo tiempo, están todos los mitos o historias con algún grado de fundamento sobre lo remoto del territorio: desde quien busca un refugio antinuclear en una eventual guerra atómica, como Peter Thiel, o para colocar inteligencia artificial, hasta, en otra época, el Plan Andinia o esas ideas de que Israel pensaba colonizar la Patagonia; disparates de todo tipo, pero que construyen sin ninguna duda una mirada distinta por su enormidad e inmensidad. Ortega y Gasset decía que la Pampa no tenía horizonte, y eso construyó una subjetividad distinta. Bueno ¿en la Patagonia, el viento construye una subjetividad distinta? ¿Y qué tiene para decirnos a los porteños, aquí a lo mejor un poco ignorantes? Casi todos los mitos que han marcado la región siguen presentes.

Sí. Yo vengo de Córdoba, se me notará todavía en la tonada aunque llevo nueve años acá, y es absolutamente distinto el modo de asimilar lo territorial, lo vasto de ese territorio, el viento, como decías, y cómo incide en la perspectiva. Pero fíjate que, aun siendo tan enorme, el tesoro de cada rincón y cada espacio es vivido como algo que no se puede entregar tan fácilmente. A mí me ha impresionado muchísimo eso de la Patagonia. Me interesó el tema ambiental también estando en Cosquín o en Río Ceballos, pero allá tenía algo de conceptual: era el concepto de un medio ambiente que hay que cuidar y no puede ser un basural a cielo abierto. Acá es el territorio y una mezcla también con los pueblos originarios. Nosotros en la carta decimos algo que puede parecer absolutamente raro para un porteño o un cordobés: las veraneadas o las invernadas, con lo poquito que queda de ganado pasando de un lado a otro sin cercos. Ese tipo de costumbres está muy arraigado. El lugar que tienen los ríos en nuestro territorio, porque no son tantos ni tan caudalosos, es oro puro para nosotros: el río Chubut, el río Senguer en el sur de la provincia, pero también los de Río Negro y Neuquén tienen una valoración absolutamente distinta de la que pueden tener en el centro del país, de donde vengo. Entonces, cualquier cosa que ponga en peligro o toque —aún en la discusión no dada o no ordenada ni trabajada desde, por ejemplo, el Acuerdo de Escazú— genera una inquietud y un miedo que inmediatamente toca a la militancia. Porque no nos sentimos tenidos en cuenta a la hora de la discusión ni a la hora de pensar en los miedos. Cuando uno piensa en la ley de desalojo y el apuro generado en la ley, y ve acá a los viejitos en determinadas localidades o parajes, ve a determinada gente es muy comparable a zonas del Gran Buenos Aires y el conurbano, y tiemblan de miedo ante cosas que toquen los desalojos. Desde determinados escritorios, quizás muy citadinos o de determinadas ideologías demasiado exacerbadas del artículo 14 o el 17 y de las libertades personales, es fácil generar leyes. Pero cuando esas leyes bajan a los territorios y se las mira desde acá, tienen un impacto y una incidencia muy particular.

Monseñor, ¿es posible que la Iglesia — usted me decía que no es solo una reflexión personal sino compartida con muchos obispos de que la Iglesia esté/tenga podemos colocar el verbo que corresponda, todos válidos— tenga que ocupar un lugar en el debate público que no ocupa la oposición, y que ante cierto vacío de la oposición política tradicional en determinados momentos de la historia argentina, como este, a la Iglesia le toque ser más visible porque, finalmente, lo que hay es un vacío de representación?

Yo creo que tiene la ventaja de un debate intenso y capilar que me parece que hoy falta, porque está tapado por la exacerbación de ideologías opuestas. La Iglesia tiene esa posibilidad de seguir escuchando capilarmente a muchos y generar un proceso donde lo comunitario y lo colectivo confronten con ideas más ideologizadas por un lado, o muy colectivistas o excesivamente individualistas y liberales en otros contextos. Acabo de decir que vengo de Córdoba. En algunos aspectos, esto no es tan distinto del debate del cura Brochero en determinadas zonas de Córdoba con sus propios amigos. Me parece que ese es un plus que puede traer la Iglesia. Yo, estando en una provincia muy chica, me puedo sentar con senadores o diputados a conversar, debatir y ver perspectivas; entramos siendo cordialmente ciudadanos y nos vamos siendo cordialmente ciudadanos, con ideas diversas. Esa parte me parece un gran aporte: un aporte desideologizado y más territorial, más capilar; un aporte desde una perspectiva histórica que trasciende los extremos que siempre estamos tentados de abrazar; y un aporte también porque no vamos a perder las formas nunca, ya que nos parece que son parte no solo del debate ciudadano y democrático, sino de nuestra identidad cristiana.

El Papa León XIV incluiría a Córdoba en su primera visita oficial a la Argentina

¿Podría compartir con nuestra audiencia, monseñor, esos debates de Brochero con sus amigos?

Brochero tiene de todo. Él hace el seminario con quien después va a ser presidente de la Nación... soy un desastre para los nombres y me lo voy a olvidar, no es Figueroa Alcorta, pero es uno de ellos. Gran parte de sus cartas al presidente decían: "Che, pensá en escuelas, pensá en caminos". Le insistía muchísimo con el tema del ferrocarril hacia toda la zona donde él estaba. Y en ese debate con el mundo liberal, ya estando viejito, conoce a Hipólito Yrigoyen, por ejemplo. Él descubre —dicen los que saben— en Hipólito Yrigoyen y su percepción una perspectiva desde lo popular, una veta que le parece novedosa. Ya estaba grande él, pero tiene infinidad de cartas donde contrarresta con quienes nunca perdió el afecto, diciéndoles que existían otros modos y que había un pueblo, como el de Traslasierra, que estaba incomunicado y no tenía escuelas. Es muy linda toda esa parte de las epístolas de Brochero y de su propia vida, donde pareciera que al final empieza a percibir que puede haber un proyecto que incluya a las mayorías y que no estaba contemplado, en el que él tenía un rol quizás más tradicional eclesial de decir: "Bueno, nos toca la asistencia a nosotros". Ese es un lugar del cual hoy la Iglesia huye. Es decir: no nos toca solo la asistencia; no nos toca juntar los caídos del sistema porque este es el sistema que hay y no se puede cambiar. Hemos aprendido que también tenemos que incidir en el sistema y que no podemos simplemente juntar los muertos al costado; tenemos que ser capaces de decir: "A ver, ¿qué está pasando que va quedando más gente al costado del camino?". Ese clic, me vas a decir, en algún momento lo hace Brochero también.

Ese clic también lo hizo Francisco y¿ podría decirse que es de esperar que, cuándo venga a la Argentina —de confirmarse, como todo parece indicar que sí—, León XIV también lo produzca?

Ojalá que si viniera el Papa, la visita pudiera tener esa repercusión. El Papa acaba de escribir una encíclica donde muchos de sus capítulos los dedica a repensar y ver desde hoy la doctrina social de la Iglesia y sus principios, lo cual le da una perspectiva muy en sintonía con Francisco y con la tradición desde León XIII en adelante. Y lo hace en un contexto mundial donde pareciera que hablar de justicia social se ubica en un lugar de izquierdas o progresista, cuando está en la médula de nuestra identidad cristiana; uno diría hasta judeocristiana. El judaísmo tenía al pobre, al huérfano y a la viuda como categorías teológicas para confrontar el culto; no nacieron con Jesús de Nazaret. Poder ver esto en conjunto —qué lugar tiene la justicia social y la doctrina social de la Iglesia teniendo al frente posiblemente a gran parte de la clase dirigente argentina— sería una hermosura. Ojalá que se dé.

Monseñor Roberto Pío Álvarez, un placer como siempre hablar con usted. Muchísimas gracias.

Bueno, gracias a ustedes. Y una aclaración sobre lo anterior: el "Álvarez" viene de aquella parte mora que agarró la Argentina también, somos todos mezclas.

¿Y el "Pío"?

Es una devoción particular de mi madre por Pío X, sino que todos arrastramos esa devoción; hermanos y nietos compartimos el "Pío".

Imaginaba que era una predestinación de su padre en su carrera como monseñor.

Mucho antes de tener este nombre, tuve un hermano que falleció chiquito que se llamaba Juan Pablo, antes de Juan Pablo I, por devoción de mi padre a Pablo VI y a Juan XXIII.

Su padre estará orgulloso de usted, monseñor.

Muchísimas gracias. Dios lo bendiga.

Gracias.

MEG / EM